Día 113 · Las alas del cóndor

En Sudamérica (sobre todo en la cordillera de los Andes) sobrevuela el cielo el ave no marina de mayor envergadura del planeta. Es el Cóndor, un pájaro que habita acantilados, pedreros altoandinos y roquedales. Es incapaz de cazar, estrictamente carroñero. Es una de las aves que puede volar más alto. 

05fbd-img.png

Me está costando escribir durante este viaje, y la razón es que estoy viviendo tanto, que no queda tiempo para pasar las ideas al papel, o a la pantalla. Especialmente en estas últimas semanas, se me acumulan un montón de sentimientos en el pecho y la mente se alborota, siendo incapaz de ordenarla y textualizar las sensaciones.

En el camino, no el de este viaje, sino el de la vida, he perdido la cuenta de las veces que me he querido agarrar a alguien sabiendo que mi vuelo descendería. Pero las poquísimas veces que lo he hecho, me he mantenido planeando entre los acantilados más escarpados y vertiginosos del planeta, a punto de perder la vida; por eso desde hace mucho tiempo decidí subir hasta el límite, al punto máximo donde poder respirar, y seguir moviendo las alas entre las nubes. Mirarlo todo desde otra perspectiva, sin darme cuenta de que los demás también lo harían. Me verían chiquitita y lejana. Libre pero distante. 

54409-img.png

Años creando la trayectoria que mucha gente admira, que a mucha gente inspira, pero que en el fondo, pocos quieren tener. Se necesita demasiada independencia, un extra de soledad y algo de valentía (o temeridad). Hace tiempo que escribí sobre este tema, y sigue ocurriendo, me cansa escuchar frases de admiración cuando lo que una persona necesita, la mayoría de las veces, es escuchar un "te quiero".

El cielo está despejado. Nadie se cruza. Si todos tuviesen la envergadura de las alas de un cóndor, el horizonte se colapsaría. El mundo sería un choque de meteoritos constante en forma de ave. Por eso no es así. Por eso vuelo sola la mayor parte del tiempo.

c98c4-img.png

Llego a las montañas de Bariloche. Necesito un momento para bajar y posarme en cualquier roca. "Sólo una noche, por favor."

Me despisto, soy carroñera y mi especie no está hecha para cazar. Olvido que si quiero algo sólo puedo esperar a que otros dejen los pedazos. Agarrarlos, devorarlos, y volver a volar.

Y ahí me encuentro contigo, con la energía de quien vuela pero camina por el suelo. Con la misma luz que me encuentro cada mañana cuando planeo bajo el sol, pero irradiando un calor que traspasa las plumas de este cuerpo frío que he tenido desde que me marché de los acantilados. Con las palabras acertadas incluso cuando la ecuación es inexacta. Con la sonrisa infinita del horizonte que nunca he visualizado estando aquí abajo, y que puedo ver cuando te miro a los ojos. 

18ab1-img.png

Eres maldita magia y permanezco otra noche, y otra, y otra, y muchas más. Pasan los días y sigue estando tu sol, las sonrisas y las miradas. Pero no hay pedazos. Y si los hay, no los quiero. Las sobras de ti son una parte tan chiquita de un todo tan grande, que sería un desperdicio ejercer mi papel de carroñera.

Necesito aprender a ser otro tipo de cóndor. Uno que no existe, tal vez. El que mantiene sus alas pero sabe quedarse. Quiero que me enseñes a ser lo que tú eres (no tengo ni idea de cuál es tu especie) y que te montes sobre mis alas de vez en cuando. Que me alegres la vida aquí abajo. Acercarte ahí arriba. Que nos veamos el mundo el uno al otro muchas noches y muchas mañanas.

a41ba-img.png

Y mientras digo sandeces, me encuentro a otro pájaro en el salón. Me ve mirándote con estos ojos sin perspectiva. Me devuelve a la realidad.

"Tú eres un cóndor, Iris. No es el momento de parar y si lo haces, no vas a estar en el lugar que te corresponde. Además, tus alas son mucho más grandes. No se trata de sostener a nadie en ellas. Se trata de encontrarte a alguien que ya esté volando como vos. Tienes que seguir el viaje."

Y un día después me siento a escribir esto, gracias a esas palabras textuales que me inspiran, me entristecen y me alegran a partes iguales (al fin y al cabo soy una contradicción constante, soy también el pájaro loco).

Estoy cansada de ser cóndor. Pero mi asignatura pendiente siempre ha sido aceptarme. Supongo que hay que alzar el vuelo de nuevo. Soy lo que soy.

Te juro que esta vez no quiero. Pero qué le hacemos, si nací siendo ave carroñera y esta vez...

Esta vez no me basta con las sobras. 

0189f-img.png