Día 111 · Me estalla el corazón

Será casualidad, o no. Pero después de 60 días sin pasar por aquí, he vuelto. Haciendo el cálculo descubro que es el día 111 de mi viaje. Aquellos que me conozcan un poco saben que mi número favorito es el 11 (por eso de ser la doble número uno :P y sobre todo porque fue el dorsal de mi hermano la mayor parte de su carrera deportiva y el mío la mayor parte del tiempo cuando jugaba al fútbol). Además, es un número que si le añades de nuevo otro uno sigue siendo precioso. Y con esta introducción hablo del día 111. 

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Estoy anclada en Argentina, en un lugar en el que no esperaba estar a estas alturas del calendario. Os prometo que tengo esa sensación demente de no saber qué sentir al sentir tantas cosas al mismo tiempo, de pensar que no me caben tantos sentimientos en el pecho y que de repente el corazón me va a estallar. No es una acción poética para el blog, no es que quiera usar mi cursilería natural para daros envidia. Os prometo que es una sensación física literal, que influye en mis latidos y en mi salud, que me emociona y al mismo tiempo me asusta. 

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Y es que una vez más, se han tenido que dar tantas coincidencias para acabar estando donde estoy ahora mismo, que me pregunto si es que está todo trazado. Pero soy esa que proclama no creer en nada más que lo que ve, así que no me gusta llamarle destino. Mi aventura con LATAM iba a acabar en Santiago de Chile, pero un arrebato me hizo escribir a la aerolínea para saber si aún estaba a tiempo de volar de El Calafate a Bariloche, y comenzar desde ahí mi viaje "libre" hacia el norte de Sudamérica, pasando por Chile, Perú y Ecuador, para regresar a mi amada Colombia antes de volver a España. 

Como siempre, en el último minuto de pánico (porque soy una desorganizada), intenté reservar un hostal 24 horas antes para alojarme en la ciudad (normalmente hubiese llegado allí sin reserva, pero escuché de otros viajeros que la zona estaba repleta de gente y me dio miedo llegar y no encontrar nada). Esta vez sólo podía reservar un camping/hostel disponible, a unos 15km del centro, así que lo hice sólo para una noche pensando en cambiar de lugar al día siguiente. Llegué tarde en la noche acompañada de Tomás, un chico que me encontré en el aeropuerto. Él se iba a encontrar con Joaco y Julián, y entre los tres formaron mi trío calavera, mejor llamados "la razón por la que me quedé" "una noche más".

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Después surgieron otros motivos, pero de esos es mejor no hablar por ahora.

Esa misma noche, o la siguiente, ya no recuerdo bien, se formó un fogón, como ese que salía en el capítulo de los Simpsons. Como esos que salían en dibujos animados o en pelis americanas de Boy Scouts. De repente me encontré en el campamento al que nunca fui en mi infancia, rodeada del grupo de amigos que nunca tuve. Estaba el fuego, la música, y yo ahí plantada, siendo aceptada y querida, devuelta a la infancia de manera muy diferente a la que viví en realidad.

Lloré frente al fuego, y sentí que me estallaba el corazón de felicidad.