Day 39 · Aviones

Me ha pasado algo muy curioso durante mis dos trayectos en avión para llegar a Bolivia y no quiero dejar pasar el tiempo hasta escribir sobre todo lo que he pensado en estos vuelos. En realidad sólo puedo hablar de una de las partes. En el primero se sienta una chica a mi lado, yo estoy en el asiento de pasillo, así que ella está al otro lado de él. Es de noche y lleva gafas de sol. 

Al principio la miro porque es bellísima, incluso antes de que nos manden apagar los teléfonos le mando un mensaje a un amigo diciendo: "tengo una chica a mi lado en el avión y es tan linda que me haría lesbiana ahora mismo". 

Y en esa obsesión por mirar a las cosas bellas le analizo más y me doy cuenta de que dice que no con la cabeza, se toca la tripa, y sigue diciendo que no. 

En uno de mis recurrentes imaginarios sobre la vida de las personas según sus movimientos, gestos, palabras, etc. pienso que ha perdido a alguien. Porque cuando yo he perdido a alguien de repente he dicho que no muchas veces. Con la cabeza, con los labios, con el alma. La negación.

Después se lleva las manos a los ojos, sin dejar mucho margen entre los dedos y las gafas de sol. Pero está llorando. Está muy triste.

Entonces no sé si se le ha muerto alguien o si le ha dejado alguien, o cualquier otra cosa. Pero me gustaría mucho darle la mano y decirle que no se preocupe y pedirle que no esté triste. No deja de acariciarse la barriga. 

Miro a través de la cortinilla comiéndome mi snack. Estoy en las filas delanteras, una más y casi estoy en business. Una imagen vale más que mil palabras. Historias paralelas. Clases paralelas. Para qué escribir...

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Pasamos al segundo vuelo. Les pido a las dos personas que se sientan contiguas a mí que se levanten para poder pasar, porque esta vez me ha tocado la ventanilla. 

Al poco de estar sentada escucho muy bajito "he dejado a todo el mundo por ti, he dejado toda mi vida, he perdido a mis padres, lo he perdido todo y aún me pides que cambie". 

Uy, qué rabia tan rabiosa siento. Me importa una mierdita muy grande cuál sea la historia, quiero decirle a la mujer que pare de llorar, que recupere lo que haya perdido si puede y que simplemente cambie para ser una mujer soltera de nuevo. Yo sigo con mi cabeza apoyada en la ventanilla, me giro un segundito no sé para qué, y me encuentro con su cara en primer plano y las lágrimas, y de nuevo las manos en los ojos, esta vez siendo de día y sin gafas de sol. 

Ya basta. Nos queremos libres, vivas y alegres.