Day 3 · El tiempo no se compra

Algo que me ha llamado muchísimo la atención al llegar a Colombia es la venta de minutos. Si yo pudiese escoger una profesión utópica, elegiría ser traficante de minutos. A este hombre le robaría los que han pasado desde que se quedó sin piernas y en vez de revenderlos los lanzaría por un acantilado. Le devolvería al momento en que podía caminar tranquilo. 

Yo me robaría los minutos que han pasado desde que odio mis piernas, me daría una bofetada y me obligaría a amar mi cuerpo pensando en que, desgraciadamente, no puedo ser traficante de minutos y desmutilar a los seres humanos, física o psicológicamente. 

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