El beso que te falta.

¿A alguien más le pasa? Te despiertas con una fuerza interna tan grande que bloquea todos los movimientos y todas las acciones del día. No son mariposas, no hacen cosquillas, es como un impulso que lo marea todo, como hace la luna con las olas.

Necesitas expresar lo que sientes, pero ni siquiera tienes claro qué es exactamente. No sabes si exteriorizarlo en forma de canción, de música, de poesía, de relato; o con una foto, o con un quejido, o con el llanto. Y al final te quedas quieto, envidiando a aquellos que nunca lo han sentido o que sólo encontrarían un medio para dejarlo salir.

Otros encontrarían sólo una manera, pero tú te sientes lleno de posibilidades, yo me siento llena de posibilidades. 

Van pasando los minutos y llega la ansiedad por perder el tiempo sin encontrar la fórmula adecuada para transmitirlo y para sentirte comprendido. Y entran las ganas de darse la vuelta, de dejar la piel por dentro y todo lo de dentro por fuera, porque es visceral e incomprensible de cualquier otra manera.

Encuentras un beso. La única forma de alojar el alma, la respiración, y todo ese impulso que llega de dentro, en un cuerpo ajeno.

Pero no puede ser un beso cualquiera ni un cuerpo ajeno cualquiera. Tiene que hablar el mismo idioma, que no será ni español, ni sueco, ni chino. Es el mismo idioma que el de tus suspiros, el lenguaje que no entiende casi nadie.

El alma que se traspasa en un beso no siempre encuentra la manera de comunicarse con el aire ni el interior de la otra persona. Pero cuando lo has conseguido, cuando hablas a través de ese beso... a veces toca despedirse. Y te marchas. 

Y al día siguiente te despiertas con una fuerza interna tan grande que bloquea todos los movimientos y todas las acciones del día. No son mariposas, no hacen cosquillas, es como un impulso que lo marea todo, como hace la luna con las olas. 

Es el beso que te falta.