Los soles apagados.

Hace 3-4 noches, cuando hablaba con una fotógrafa argentina de "mi equipo" de Hero & Creatives, vi su muro de facebook y vi la noticia de los dos feminicidios de las mochileras argentinas en Ecuador. Lo primero que deseé es que mi madre no se enterase. Hoy he visto publicada la historia en su muro y lo ha acompañado con el título "Los terribles temores de una madre". Ojalá sólo fuesen temores de madre. Pero no.

En Octubre me marcho sola a Latinoamérica, al menos durante 3 meses, y recorreré Colombia, Bolivia y Argentina.

Que me intenten violar y/o asesinar, por desgracia, no dependerá de que viaje sola, de que me encuentre en aquel o este continente, ni de que lleve unos short bajo 40º de temperatura. Dependerá simplemente del género con el que nací y de la buena o mala suerte que tenga al encontrarme con el machismo en mi camino.

Seguramente tenga que practicar una de tantas tácticas que a lo largo de estos 25 años he ido aprendiendo para evitar problemas: Hablar sola por el móvil por la noche diciendo "ya te veo, ya estoy llegando", si veo a alguien caminando detrás de mí a una distancia prudencial; o la táctica de Kasha, una amiga polaca que una vez me contó que ella para volver a casa hacía como que tenía una discapacidad andando porque así creía parecer menos atractiva a los ojos de los posibles acosadores.

"Venga, exagerada", pensarás si eres un pequeño o una pequeña neomachista. "Qué asco me dan las feministas", pensarás si eres un pequeño o una pequeña machista. El caso es que tu pensamiento importa. Me importa porque mientras esto no sea una lucha de todos, van a seguir apareciendo niñas de 21 años, que sólo querían ver y disfrutar del mundo con su máximo derecho de libertad humana, en sacos de basura en la playa.

Eh, que no pasa nada, que no eres su padre, o su hermana, o su madre, o su hermano. A ti seguro que no te ha llegado la llamada. ¿Te imaginas? Yo me lo imagino como las dos llamadas que he recibido perdiendo a seres queridos de repente en accidentes de tráfico. Muy jóvenes, con mucha vida por delante. Depende de cuánto les quieras (si es que eso se puede medir) gritas más o menos, te tiembla más o menos el cuerpo, o directamente pierdes el conocimiento y te desmayas. Eso sólo es en el primer momento. Cuando te lo cuentan. Después viene el "no puede ser, no puede ser, no se ha ido". ¿Te imaginas lo que debe de ser recibir la llamada de algo que no ha sido un accidente? Algo premeditado. Algo asqueroso, vomitivo. Alguien que decide acabar con la vida de una mujer para coartar su libertad y sus decisiones, simplemente porque tiene una mayor fuerza física o porque se cree con el derecho de actuar de esa manera, se cree superior. Puede decidir destrozarle la vida a ella y destrozarle la vida a todas las personas que le aman.

Eh, que no es para tanto, que no es para tanto hasta que te toca a ti. Hasta que me toca a mí. Hasta que le toca a mi madre. Pero igual si lo piensas así, aunque no te toque a ti, sí es para tanto. O al menos para que te replantees las cosas.

¿Miedo yo? A vivir no. A los seres repulsivos sí. A quienes fomentan todo esto también les tengo miedo. A los que se oponen a que se haga algo en contra de esta lacra, les temo casi de la misma manera que a los que agreden y matan. Me produce pena y pánico que incluso existan mujeres machistas. Es una lucha demasiado complicada. Es una lucha que no sólo va en contra de los individuos, sino en contra también del sistema que nos hace pensar de esta manera. Bienvenido al patriarcado. De eso, seguramente, hablaremos otro día y de otra forma. Hoy quiero centrarme en tu madre y en la mía. En la llamada. En mi cuerpo en un saco de basura. ¿Suena mal, eh? A mí también. No me gustaría, pero mira, pasa. Ha pasado muchas veces. Me puede tocar a mí.

Pues eso que te contaba, que a vivir no le tengo miedo. A dejar de vivir sí. Amo vivir. No hago mal a nadie mientras respiro y amo las cosas y a las personas que me rodean, ni hago mal a nadie por vestirme de la manera que me apetezca, ni por caminar por cualquier calle que quiera visitar. No hago mal a nadie por sonreír a un extraño ni a una extraña, me gusta sonreír. Me encanta ser alegre y amable. Si me gusta o me atrae alguien, tengo mi boca y mis palabras para hacérselo saber. Nadie tiene el derecho a tocar mi cuerpo sin mi consentimiento porque tengo mi querido lenguaje para pedir lo que me apetezca hacer y lo que me apetezca que me hagan, si se llega a esa situación consentida; cuando quiera y en cualquier lugar, porque soy libre y me gusta querer y amar bien. Con pasión, siempre y cuando mi libertad no acabe con la de otra persona. Porque sí, tu libertad, mi libertad, termina donde empieza la de la otra persona, y sólo si las libertades en conjunto se ponen de acuerdo, exclusivamente en ese momento es cuando puedes y/o podemos hacer algo en lo que participan dos cuerpos, dos seres libres.

No voy a dejar de viajar ni de vivir por culpa del machismo. Porque está en todas partes. Ya me he encontrado con hombres que me han vejado a la vuelta de la esquina. Ya he sentido mucho miedo, no miedo paranoico, sino de ése en el que ves que te marchas para siempre por la locura que te toca, su locura. La locura del machismo y de los ojos que te enfilan cuando creen que eres una posesión y que pueden hacer contigo lo que quieran. Por desgracia estoy acostumbrada a prevenir porque no quiero volver a tener que curar ni callar. Pero ya, ya está bien.

No puedo cambiar el mundo pero puedo cambiar las pequeñas cosas. Puedo trabajar en darme cuenta de lo que fomenta que los hombres sigan asesinando a las mujeres: machismos, micromachismos, agresiones, insultos, dependencia, posesión, celos. Tú también puedes.

Creo que tú también quieres evitar saber lo que se siente al recibir LA LLAMADA. La que no deja despedidas abiertas. La que te explica con pelos y señales que por pasar por alto las pequeñas cosas, éstas se hacen grandes y se llevan vidas por delante. Vidas de personas valiosas. Vidas de personas que cualquier día de estos, pueden ser de tu madre, de tu hermana, o la mía misma.

Viajemos, porque el peligro está escondido en cualquier rincón y aparece en cualquier momento.

Por eso el miedo no merece la pena. Luchar por cambiar las cosas, sí.

Tú la ligas. Tú también cuentas. Que se entere todo el mundo. 


Termino con una serie de tres fotografías que he hecho hoy, y que me han llevado a escribir este post, os dejo abajo la leyenda que he publicado también en Facebook:

1. Ella para ser sol sólo tenía que creer que lo era, y brillaba, brillaba sin dificultad, como sosteniéndolo entre las manos.

2. Ella... y tú. Nosotras. Cada una con su brillo. Ningún sol era igual pero todas sabían dejar atardeceres preciosos.

3. Cuanto más sonreía, más brillaba. Y era necesario hacerles saber a TODAS, que podían ser soles a cualquier hora del día, soles siempre, brillando solas o acompañadas, porque lo que tiene luz y fuerza propia no necesita de nada más para brillar que seguir luchando para que un día nada ni nadie las apague. Para que nada ni nadie nos apague. ‪#‎stopfeminicidios‬ ‪#‎quenadienosapague‬