El cuerpo ajeno.

Mi cuerpo. Ése que está hecho de historias, de gente, de recuerdos. Ése que lleva en sus oídos melodías, en sus labios besos, en su olfato perfumes ajenos. Ése que recuerda cómo lo golpearon, cómo lo acariciaron, cómo se estremeció al ser rozado por otro cuerpo cualquiera, que no era de cualquiera sino de ése otro cuerpo.

Ése que es de carne y hueso pero que transporta tantas cosas que no se tocan y transfiere tanto, como en forma de magia, por el aire, por los gestos, a todos los demás cuerpos.

¿Cómo intentas que comprenda, vida, que mi cuerpo acaba con un sólo corte certero, con un sólo choque frontal, con un simple colapso del líquido que lo bombea?

¿Cómo quieres que acepte que todo lo que lleva mi cuerpo, todo eso que no se toca, termina con esa materia que me deja transportarme, y respirar, y vivir y pensar?

No sé decir adiós a otros cuerpos. Dime dónde queda todo lo que no se toca y yo lo acepto. No me hables de deidades, no quiero saber de nadie más que del cuerpo que se marcha. Háblame de todo lo que ya no veo en el cuerpo que ya no está y que llevaba tantas cosas dentro. Un nombre, una cara, una voz. Todas las palabras que intercambió conmigo ese cuerpo. Todas las canciones que escuchamos juntos. Todo eso que cuando él se va, sólo queda en el mío y que era compartido. No lo quiero sólo para mí. Dime dónde se queda el otro. O déjame al menos despedirme.

No puedo decir adiós sin saber a qué, sin entender por qué e intentando guardar en alguna parte todo eso que se desprende de repente, que pierde su transporte. No puedo entenderles sólo como cuerpos que se marchan. Y nadie me explica dónde se quedan. Nadie me convence. Y me asusta. Porque si al final es sólo eso, si sólo somos cuerpos, los demás son nuestros dueños y lo único que queda, son cuerpos ajenos, cargados de nuestros recuerdos.

Y entonces, tú, que aún estás aquí, yo, que aún estoy aquí, tenemos que cuidar bien lo que hacemos, los momentos que creamos. Los recuerdos que dejamos. Porque sólo somos cuerpos, y un día nos marchamos.