Mi manchi.

Los días en los que encontré un hogar fuera de mi hogar.

Fue la única y la primera vez.

Pude olvidarme de todos mis prejuicios, vivir situaciones que en mi mente se presentaban ridículas; fui capaz de reírme de ellas tal y como siempre imaginé que otros se reirían al presenciarlas, siendo yo su protagonista.

Me reí de mí misma, o quizá, directamente, no me reí. Quizá me acepté. 

Pude desdisfrazarme del todo y mirarte desde todos los ángulos, dejando que me miraras desde todos los ángulos sin miedo a lo que viesen tus ojos. Sin ese nerviosismo que me invade cuando me pongo a imaginar lo que perciben otras miradas.

Supongo que esa es la simpleza y la tranquilidad de sentirse bien al lado del otro. Sentirse como nunca. Sentirse en casa.

No en la casa de tus papás; hablo de la casa de una misma. 

Y así descubrí que mi casa la habitó tu cuerpo, tu cama, tu cuarto, tu calle, tu ciudad, tu infancia, tu familia. Y así la hicimos hogar. 

Se volvió todo mío pero al mismo tiempo no podía poseer nada, porque lo infinito no tiene dueño ni límite.

Y aún sin querer dominarlo, creo que sería capaz de formar un infinito todavía más lejano si permaneciésemos juntos. Un hogar de estrellas en el techo, de puertas invisibles en las paredes, llenas de posibilidades; de ventanas repletas de luz para aclarar los sueños despiertos y las ideas bonitas. De ventanas fundidas de oscuridad para dejarnos encender las noches.

Haría una mudanza para todo el tiempo en que tus abrazos oliesen a café caliente en la mañana. Me quedaría siempre que en la madrugada te pidiese que tuvieses cuidado al conducir y te despidiese con un beso que se sintiese el último, por si acaso.

Nunca podría decir que me querría quedar para siempre, porque en los últimos 5 años he cambiado 4 veces de dirección.

Pero te podría decir, como te escribí al principio, que fuiste el primer camino en el que encontré un destino, el primer hogar fuera de mi hogar, el lugar donde se quiere estar se esté donde se esté.  

Eres la rutina y la excepción de tu presencia.