El poder de un nombre

"Todo fenómeno sobre la tierra es un símbolo, y todo símbolo es una puerta abierta, por la que el alma, si está preparada, puede entrar en la intimidad del mundo, donde el tú y el yo, el día y la noche, son uno." (...) "Pocos pasan, es cierto, por esa puerta y renuncian a las bellas apariencias a cambio de la presentida realidad de lo íntimo." (...)

Después de unos cuantos años, me reencuentro con una historia escrita por Hermann Hesse.

La primera vez que me hablaron sobre ella presté más atención a quien me contaba la historia de esa historia que a la propia historia, y dejé guardada una flor, un recuerdo y una curiosidad que aún no han envejecido ni se han olvidado con el paso del tiempo, a diferencia de lo que le ocurrió a Anselmo en su cuento, al que Herman Hesse le puso el título de "Iris"

Llevo un tiempo queriendo pasar esa puerta y deseando llevar lo más inverosímil de los símbolos que encontramos al encontrarnos, a la realidad de lo íntimo.

Hoy, leyendo "Iris", he llegado a descifrar la definición de una persona que como el lirio del cuento de Hesse estaba perdida y marchitada, y que hacía tiempo que no encontraba: Mi propia persona.  

"Ella prefería vivir entre flores y música y tal vez con algún libro, en una soledad callada; esperaba que alguien llegara hasta ella y dejaba que el mundo siguiese su marcha. Era tan tierna y sensible, que muchas veces lo extraño le producía dolor y rompía en llanto con facilidad, después de lo cual irradiaba serenidad y delicadeza dentro de su felicidad solitaria. Y quien presenciaba todo esto, sentía lo difícil que sería dar algo a aquella hermosa y extraña mujer, y que ese algo fuera importante para ella. En ocasiones creía Anselmo que ella lo amaba; otras veces le parecía que no amaba a nadie, que simplemente era tierna y afectuosa con todos, y que no ansiaba del mundo más que vivir en paz y que la dejaran tranquila. (...)"

Después de leer esto, paranoica y excéntrica, como siempre, me he preguntado si el poder que mi madre me dio al escoger este nombre fue el de ser como la Iris del cuento de Hesse, sin ni siquiera ser éste el motivo de su elección. 

Después de ése pensamiento, ha llegado el de pensar de nuevo en quien me descubrió este cuento, que con tan sólo escuchar mi nombre se acordó de las flores y de la música, y de Hermann, cuando precisamente lo primero que nos conectó fueron la música y las flores antes de intercambiar las palabras, antes de decir "me llamo Iris".

En medio de un parque, hace tres años, se abrió una puerta que aún no hemos podido entender del todo, ni cruzar, ni cerrar. 

" «Iris», le decía, «querida Iris, ¡si el mundo estuviera organizado de otro modo! Si no existiese en absoluto nada más que tu bello y tierno mundo de flores, pensamientos y música, entonces yo no desearía más que pasar toda la vida a tu lado, escuchar tus relatos y participar en tus pensamientos. Ya de por sí tu nombre me hace bien; Iris es un nombre maravilloso, y no sé qué me recuerda.» "

A mí me recuerda a tu guitarra. 

 

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